jueves, 28 de octubre de 2010

Paranoica por un día

Ya me gustaría estar en la exosfera del Bien y del Mal como Zaratustra-Dragó. Desgraciadamente no soy una pervertida disfrazada de intelectual; sino que como la mayoría de mis semejantes, estoy intoxicada por las mentiras, transcendidas en opinión pública, deambulo en trance hipnótico dentro ‘del delirio de masas’, y bastante tengo con respirar. Pero ayer, no sé si por las lecturas de los confidenciales o porque sentí los ojos del jefe taladrándome el cogote, me dio un brote crítico-paranoico.

No entiendo por qué es tan peyorativa la paranoia. Después de mi experiencia aconsejo a todos los mandangos que al menos un día al mes, o en su defecto el día anterior a las elecciones, se dejen llevar por ella; nos hace poderosos, insumisos, y ocupamos el lugar de dios al convertir lo implícito en explicito. Caerán como buitres para convencernos de que es un artificio de la mente, pero oídos sordos, ya vivimos de ficciones de libertad e ilusiones democráticas. Y sobre todo, a los medios de comunicación ni caso, ellos son los camellos que nos narcotizan.

Ayer el núcleo duro informativo fue las negociaciones del Gobierno con ETA. Cuando no se tiene nada que ofrecer a la sociedad, cuando no se es presidente de nada y sólo una marioneta, queda distraer al personal con fuegos artificiales; pero no tiene en cuenta Casper de la Moncloa que para los ciudadanos, ETA ocupa el cuarto lugar en sus preocupaciones y “no tenemos prisa”, como bien dice Mapi de las Heras. ¡Qué en un golpe efectista consigue ser el Príncipe de la Paz! ¡Y! También lo fue Godoy y murió en el destierro.

Allá los aprendices de Mad Men con sus trolas. Ahora, qué los sagaces, experimentados y fuenteados gacetilleros se hayan pasado el 27 de octubre, y lo que te rondaré, dándole al tema, es estar en la Luna de Valencia. Mientras saltan a la comba con el Gobierno, pasan de puntillas sobre las declaraciones que hizo anteayer el Director Ejecutivo del Banco Santander, Emilio Botín; ante los principales empresarios de Mandanga, el financiero avisó de la futura reforma del Estado de las Autonomías y de terminar con las Cajas de Ahorros, que parece ser le estorban. Y cómo los plumillas son incapaces de sumar dos más dos, no ven signos de coincidencia entre las declaraciones y la audiencia privada que ayer concedió el Borbón al jefe de Botín, Laurence Fink, presidente, consejero delegado de la mayor gestora del mundo, BlackRock, y segundo accionista del Santander con el 4,775% de las acciones, el primero es Capital Resarch and Management Company con el 5,004%, los botines tienen el 2% (tanta perorata y lo único que hay de patrio en el banco es la sede social).

¿A qué viene Laurence Fink, uno de los que más han ganado con la crisis estadounidense? ¿Qué se trajina con su lugarteniente en Mandanga? ¿Casper está en los fogones del poder globalizado o está en el txoko meneando el bacalao al pil pil con Otegui? ¡Dios, aparta de mí este cáliz! ¡Aire, aire!

lunes, 25 de octubre de 2010

Sense and Sensibility

Es falso de toda falsedad que los hombres no lloran. Quizá esta afirmación, dicha a bocajarro, contradiga el refranero popular y los incalculables estudios psicológicos, empeñados en demostrar las diferencias entre los sexos; informes que toman como pruebas irrefutables el surrealismo de encuestas hiperbólicas. Hace poco leí que los hombres mojan pestaña 17 veces al año y nosotras 64. ¿Por qué 17 y 64, y no 38 y 27 o 69 (qué es más igualitario)? Esa rotundidad en el número hace que desconfié del tratamiento científico. Lloran y mucho. Lo sé, porque no hay nada como la propia experiencia para rebatir cualquier chorrada que nos pretendan vender. Yo, replicante, he visto las lágrimas de mi padre confundirse con las mías al morir el abuelo de Heidy; y a mi hermano abatido, hipar con los melodramas de Douglas Sirk. Pura cuestión de humanidad y no de multiculturalismo de género.


Nuestra Marianne Dashwood demostró que también los hombres hacen pucheros, que él es incapaz de disimular el sufrimiento. ¿Pero por qué llora el lindo Moratinos? ¿Cuándo se ha visto a un diplomático no sujetar sus emociones? ¿No es tierno? ¿No os dio pena verlo indefenso, tan poquita cosa? Dicen que no se lo esperaba, dicen que le hubiera gustado acabar al mismo tiempo que su maestro (el atolondrado Casper de la Moncloa), algo así como un entierro vikingo; dice que fue por las “vivencias”, dice que nada tuvo que ver el “aferrarse al cargo”. Qué digan y diga… Yo sólo veo a un ser extremadamente sensible, acongojado por la desaparición de su oronda figura en los saraos internacionales y en la escena mediática. ¡Pobre! Espero que le den, ya, algún puesto en la ONU o en la UE, acorde con su valía justiciera.

Sensatez y sentimiento no deben ser antagónicos, al menos eso defendía Jane Austen al final de su novela. Sin embargo, no sé de qué materia están hechos los políticos que convierten lo que no debería ser nunca un dilema, en una peliaguda elección −a excepción de Casper que carece de ambas y, además, lleva escrito en la boca uno de los síntomas de la estupidez: la sonrisa perenne−. Ex Moratinos carece de cualquier sentido, entre ellos el sentido común, para llevar la causa Mandanga fuera de nuestras fronteras; pero a sensibilidad gazmoña no le gana nadie, la empatía quijotesca le supura a chorros, es un luchador infatigable contra la iniquidad, y un paladín sin freno de los débiles, llámense: Fidel Castro, Hugo Chaves, Arafat o Mohamed VI.

Si te sirve de consuelo, querido ex: la vida sigue más allá de la bancada azul.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Cuestión de semejanzas

A primera vista lo que entendemos por ‘ciencia’ o para ser más precisa ‘ciencia experimental’ avanza con tal rapidez, que el gato de Schrödinger, de tanto entrar y salir de la paradójica caja, está desquiciado. No se puede decir lo mismo de las diferentes tipologías del político, desde los Tholomeos —por poner un momento histórico—, pasando por el Directorio, hasta llegar a la actual Remodelación del Entusiasmo, éstas no sólo no evolucionan, sino que están amojamas. Tomemos la figura de Joseph Fouché, ministro de la Policía a principios del siglo XIX en Francia, hombre intrigante, que utilizaba la información, la mierda de los demás en beneficio propio, el traidor más ruin de la época moderna, acabó con Luis XVI, con miles de personas en Lyon, con Robespierre, y con quien se interpusiera en su camino, pasaban los años, los regímenes y ahí seguía, siempre en segunda fila, temido por todos, incluido Napoleón.

 ¿Creemos que esta figura política es anacrónica, qué no puede darse en la democracia avanzada del XXI? Craso error. Ahora tomemos al apolíneo (algunas hembras están más desquiciadas que el gato del primer párrafo) Alfredo Pérez Rubalcaba. Apenas encuentro diferencias entre los caracteres de ambos personajes. La primera, de Pérez no se puede decir que sea ‘traidor’ a la causa de su partido, al revés es de una lealtad a prueba de GAL, traicionará a Mandanga, pero a las siglas nunca, jamás. La segunda, a Fouché no le perdió la vanidad, se conformó con estar a la sombra; no así Pérez, que comienza a desarrollar la patología del reconocimiento social. Por lo demás, son almas gemelas: ministros de la policía, apasionados por entretejer maquinaciones en las cloacas, estrategas en el arte de retener y manifestar la información cuando les conviene, se hacen necesitar, conocen todos los secretos, y son seres flotadores en las tormentas.

Pasaba por alto la diferencia fundamental. Fouché vivió en una época de hombres de pensamiento, de hombres de acción que rompieron estructuras; él era uno entre ellos, aunque fuera —según Stefan Zweig— “el genio tenebroso”. Pérez no pasa de tuerto en el reino de los ciegos o de una caricatura de Perfectus Detritus (homenaje a Uderzo y Goscinny).

El pasado domingo en Ponferrada, Casper de la Moncloa despreció al pueblo, y le arrebató la poca dignidad que le quedaba con esta frase: “ahora la opinión pública cambia muy deprisa”. Quién mejor para este cambio rápido que Rubalcaba, ministro de Interior, Vicepresidente Primero y Portavoz del Gobierno. Pobre Caperucita Soraya, el Lobo Feroz se la zampará de un bocado.

Ojito con el dedo que se te escapa

domingo, 17 de octubre de 2010

Misterio en el Museo del Prado (desenlace)

Un cronista debe dar cuenta exacta de los hechos tal y como suceden, no puede falsear la realidad para hacerla más al gusto de de la época, y menos con fines propagandísticos; de ser así la Historia se convertiría en tres kilos de Manuel Fernández Álvarez (que en gloria esté). En aras de la veracidad y objetividad, el presente informe viene amparado por la rigurosidad de los datos; aunque estos sean, en apariencia, unas veces intranscendentales y otras el lector los tenga por fantásticos.

Debió ser al comernos la manzana cuando nos entró la modorra, y al poco me dormí arrullada por los ronquidos de un investigador y los resoplidos del otro. Nos despertó el ruido de la puerta al abrirse y las luces de la sala sobre nuestros rostros; mimetizados por la Larva nos arrastramos detrás del primer montón de cuadros que encontramos, en el apresuramiento dejamos un Tiziano listo para las nuevas tecnologías de la restauración. "¡Me estas metiendo un codo en el riñón!", "¡cállate!", "¡Me ahogo, he perdido el ventolín!", "¡eso, dejando pruebas!", "¡os doy vacaciones, no pienso veros en un año, ahora sí que me quedo sin trabajo!". Por el pasillo central vimos avanzar a la Ministra de Defensa, Carmen Chacón, marcando el paso de la oca, cinco agentes secretos del Centro Nacional de Inteligencia, media docena de guardias civiles con su respectivo teniente coronel y el paranormal Iker Jiménez: ¡y nuestra ajetreada presencia pasó inadvertida! No me extraña que los del Peñón nos las metan doblada.

—¡Cogedlos todos!
—¿Excelentísima, cómo los vamos a llevar, son demasiado grandes?
—¡Mare de déu, tengo que estar en todo, ayer con el Protocolo Pitido y hoy con esto! ¡Quitadles los marcos, hombres sin iniciativa!
—¿Y esta sustancia pegajosa? ¿Qué asco, parecen mocos?

Eran la nueve de la mañana cuando se marcharon alegres, cantando la canción de la Mandrágora: “la hogueeera, la hogueeera, la hogueeera…” A las diez se oía el bullicio de los visitantes recorrer las salas de los pisos superiores, momento en que aprovechamos para abandonar el museo confundidos entre un grupo de turistas japoneses. Llevábamos las pruebas irrefutables de que la pestilente Larva de Mandanga engullirá la originalísima idea de Regeneración del Grupo Vocento y sus chicos del 98.

"Mamá yo de mayor quiero ser portavoz". "Niña, primero abogado del estado, y después ya pensaremos lo de ser artista". (Conversación entre una menina barroca y su madre en la cantera de Valladolid).

miércoles, 13 de octubre de 2010

Misterio en el Museo del Prado (4)

Los humanos y las ratas tenemos una gran habilidad para adaptarnos, da igual lo inhóspito del medio: familia, trabajo o el desierto de Rub al-Jali; perdidas las esperanzas de una huída honrosa, nos aclimatamos de tal forma al entorno, que Eduardo Punset y su tranquila felicidad se nos revela pura mercadotecnia. Así que, pasadas las horas en compañía de la Larva fétida y de los mocos rampantes, nos encontrábamos relajados, discutiendo sobre el por qué de las imágenes de los lienzos y fumando alegremente sin ningún temor a la alarma contra incendios, cuando sonó el primer ¡pum!, después el segundo, el tercero…, hasta que llegó rodando a nuestros pies una manzana. <<¡¡Chis, no estamos solos!!>> —apuntó uno de los investigadores, mientras el otro cogía la fruta del suelo y decía asombrado— <<¡rediós, está mordida!>>. Por los pasillos atiborrados de cuadros, nos dispusimos a investigar de dónde provenía; no tardamos mucho en descubrir el origen: un oleo de Durero, dejado con desidia sobre otras pinturas y apoyado en el suelo.

Desde la ignorancia nos preguntábamos: ¿por qué estos amantes de los rayos ultravioleta han escogido Adán y Eva?, ¿qué sabe la Larva que no sepamos el resto de los mandangos?, ¿Qué lío se traen con la Larva?, ¿es una metáfora o son los padres de Nuevas Generaciones? ¡Ay, cuantas preguntas se amontonaron en nuestros trastornados cerebros!

Gracias al bronceado fue fácil descubrir al bruñido Javier Arenas, el viento de “una mayoría social por el cambio” ondea la melena del Adán. ¿Este gusto por el eslogan lo aplicará en la intimidad, intimísima…? Porque lo que es en la praxis política ya lleva tres elecciones perdidas, y a fe mía que por mucho que vaya de cómico de la legua por los pueblos andaluces, se volverá a comer un sacis como no ponga en vereda la molicie de los alcaldes y diputados peperos, interesados, únicamente, en mantener el momio de las legislaturas que sean menester, o sea hasta la muerte, parecen que han hecho suya la divisa: “siempre atrás nunca adelante”. Con el pinrel suspendido sobre la pedregosa gleba y tapándose púdicamente el sexo con unas hojillas del manzano, don Javier nos lanza una pícara sonrisa, cargada de: acaso creéis que soy diferente a mis subalternos. De la costilla del varón qué puedo decir, que no diga Durero con sus complementos pictóricos o la propia grisería natural del personaje. Ana Mato se nos muestra mujer tobillera-última-tendencia, de apariencia moderna, liberal y analfabeta del génesis. Cuesta creer que haya llegado hasta la Vicesecretaría de Organización por meritos propios, y no porque pasaba por Valladolid. Alcanzará la cúspide ministerial, no cabe duda; pero alguien que se deja tentar por Satanás disfrazado de jaguar, y que no tiene la femenina curiosidad de registrar el monedero de su ex santo Sepúlveda: no es digna de confianza.

Continurá...

sábado, 9 de octubre de 2010

Misterio en el Museo del Prado (3)

Hay algo espantoso, algo escurridizo que repta por los abismos de Mandanga, y que tiene en el sótano del museo la branquia por donde respira: una gigantesca y nauseabunda larva que sisea en la oscuridad, tras los cuadros. No fue una alucinación, ¡lo juro! Estaban ahí, en el fondo de la sala; los vimos resbalando por las paredes, viscosos mocos fluorescentes que palpitaban al ritmo de la Marcha Real. Aterrorizados hubiéramos escapado de allí a trompicones, pero la fuerza hipnótica de los cuadros nos tenía paralizados.

“Y si la historia del retrato de Dorian Gray no fuera ficción” –dijo uno de los investigadores atizándose media petaca rellena de coñac−. “No puede ser, los políticos mandangos no tienen alma, sólo imagen, de tenerla veríamos la deformidad de sus facciones” –respondí−. “¿¡Y si son sus imágenes atrapada en los lienzos!?” –grito el otro investigador. Los nervios se desataron ante el esclarecimiento del misterio, y para aplacarlos nos acabamos el coñac.


A pesar de no llevar gafas, lo reconocí enseguida, porque en cualquier situación que se encuentre siempre está lustroso, y en el cuadro brilla aún más la afectación pomposa que se trae el personaje, será cosa de los entorchados de la casaca. Quizá algún psicólogo descubra bajo las pinceladas un escondido complejo de inferioridad, provocado por la escasez de estudio; aunque no lo creo (los psicólogos siempre andan enredando y buscando donde no hay), cuántas personas pululan en el reino con estudios universitarios y en puestos relevantes que son verdaderos zoquetes, véase Camps o Luis Solana. Pepiño, con la mano izquierda apoyada en la mesa y el brazo derecho descansando displicente en el sofá, da muestras del carácter grave que acompaña al hombre der Parteiapparat, ¿se puede pedir mayor impronta de autoridad? Ella fue más complicada, acostumbrada como estoy a verla envuelta en colores brillantes e imposibles de llevar, con ese estilo playa-Benidorm que ha traído a la Corte, y sin poder escuchar su apabullante sintaxis, lo tenía difícil. Tuve que abstraerme de la peluca y del vestido a lo Eugenia de Montijo para toparme con Leire Pajín; sin embargo, al margen de las abstracciones, lo decisivo para el reconocimiento fue la postura repanchingada de mujer satisfecha, tan propia de las que matan callando al calor de las luchas fratricidas.

P.S. El cuadro visible en el Prado es el retrato de Antonio Ugarte y su esposa María Antonia Larrazábal, pintado por Vicente López. Ugarte fue un personalidad relevante de la camarilla de Fernando VII y un habilidoso intrigante. De él, ahora, no queda nada en la memoria de los mandangos (y dudo que algún historiador recuerde su nombre de primeras); pero en su época fue famosísimo, un adelantado en el tema de cobrar comisiones para él y su amo. La hazaña más renombrada que hizo en vida, fue la compra de una flota de barcos rusos, con los que pretendía transportar al ejército que iba a luchar contra los independentistas sudamericanos. Nunca pudo zarpar de Cádiz, estaban podridos, como premio el rey le dio la embajada de Cerdeña.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Misterio en el Museo del Prado (2)

Acompañada por los dos investigadores del museo, la bajada al sótano no revistió mayores contratiempos que los habituales en situaciones de espionaje. Esquivamos las cámaras y los guardias de seguridad con tal maestría, que podríamos haber pasado por unos auténticos ladrones de guante blanco. El único momento trepidante aconteció al entrar en el sótano que me dio un ataque de asma, provocado por mi alergia a los ácaros y al polvo, si no hubiera sido por el ventolín estaríamos en estos momentos en algún calabozo secreto del Ministerio del Interior.

Siguiendo el rastro de luz de las linternas llegamos hasta los cuadros, mis amigos retiraron las telas que los cubrían; y me quedé con la boca abierta (aún me cuesta cerrarla): "me estáis tomando el pelo, ¿no?" –les dije. "Qué va, esto es lo que encontramos, los personajes que aparecen han sido interrogados y juran que no saben nada, que nunca han posado. El Consejo Asesor está estudiando la autenticidad de las obras, de ser originales nos encontramos ante el mayor enigma de Mandanga". "¡Vamos ya, aquí todo es posible! Mirad a Belén Esteban, cómo al pueblo soberano se le ponga, la nombra presidenta" –les corté. "Hay muchas cuestiones aún por resolver: ¿son familia de Connor MacLeod?, ¿son antepasados de los retratados, son sus reencarnaciones?, ¿los pintores eran visionarios? o ¿son obras de un loco que  quiere desestabilizar el reino?"  –contestaron.

Ante la importancia del descubrimiento y temiendo que el Gobierno y la oposición silencien o destruyan las pruebas, paso a mostraros en sucesivas entregas las fotografías que tomé en la madrugada del 25 de septiembre. Mientras espero el veredicto del Consejo Asesor, las llamaré "recreaciones pictóricas" de los grandes maestros o, simplemente, "afinidades selectivas" de una mente perversa.


“¡Nuestra es Amberes… Madrid, MADRID (¡caramba qué fallo!)!” (célebre frase de una prima de Felipe II).

Continuará...

lunes, 4 de octubre de 2010

Misterio en el Museo del Prado (1)

El pasado mes de septiembre, dos investigadores con contrato fijo-discontinuo del Museo del Prado, picados por el descubrimiento de una nueva obra de Pieter Bruegel ‘el Viejo’, decidieron rebuscar entre los cuadros amontonados del sótano de la pinacoteca. La intención era hallar una obra perdida que les hiciera conseguir fama y la ansiada fijeza laboral. Nada hacía presagiar que la incursión al inframundo pictórico habría de convertirse en una cuestión de Estado.

Los hechos, tal y como me lo han relatado, ocurrieron de la siguiente manera: el 24 de septiembre a las 12, los dos investigadores comían un bocadillo de chistorra cuando se toparon con cuatro cuadros que estaban cubiertos de polvo detrás de una columna, con la curiosidad propia del intelectual científico abandonaron el bocata y se dispusieron a quitar las telarañas, conforme las quitaban la euforia del hallazgo dio paso a la perplejidad; a las 13 llamaron a su inmediato superior; a las 14 el inmediato superior llamó al director del Prado; a las 15.30 el director llamó a la Ministra; a las 18, y tras mucho valorarlo, la Ministra llamó a Casper de la Moncloa -aquello le venía grande-; a las 20 Casper rodeado de un grupo escogido de historiadores del arte, de cincuenta asesores, de sus tres Vices y con la inestimable colaboración del periodista paranormal Iker Jiménez, creó un Consejo Asesor para que estudiara “el asunto”. Antes de disolver la reunión el presidente de Mandanga conminó a los presentes a que guardaran silencio; aquel que no lo hiciera sería juzgado por alta traición, y lo que era peor: en caso de ganar en las próximas elecciones podían despedirse de un puesto de singular prestigio.

Esa misma noche, por casualidad, quedé con los investigadores en De Diego para tomarnos unas copas, suelen ser gente animada y de físico atractivo, pero ahí los tenía por primera vez: mudos y bizcos. "¿Qué ocurre?", les pregunté, y ellos callados como momias. Tras varios combinados volvieron a ser los de costumbre, y envalentonados por el alcohol me dijeron: "Carlota, vayamos a por un par de linternas, hay que entrar en el Prado, tienes que verlo con tus propios ojos, si te lo contamos no nos vas a creer".

Continuará…

jueves, 30 de septiembre de 2010

Bajo el influjo de la perpetuación, el Borbón urde la Monarquía Sindical

Junto a mis compañeros del RID (Republicanos Inasequibles al Desaliento tendencia Libertaria) di por concluida la jornada de ayer en un bar de la calle Antonio López, dando cuenta de una ración de patatas bravas, otra de gallinejas y dos “pulpo a lo tojo” en conmemoración del revolucionario líder sindical. Admito que como no estoy hecha para las caminatas -lo más Serrano hasta Ortega y Gasset- apenas tomé algo de tojo y unos cuantos vasos de jumilla. Era la una de la madrugada cuando nos despedimos. El Día HG se fue tras los 1.440 minutos de rigor, quedará alguna entrada flotante en el ciberespacio y los titulares extraviados en la polvorienta prensa. Chao Pescao.

Adiós. Se apagaron los cantos de las sirenas piscifactóricas, volaron acompañando el aleteo de las últimas moscas del otoño. Pobre Lampedusa, hasta le han dado la vuelta a su famosa cita, de vivir ahora diría: “para que todo siga igual nada debe cambiar, basta con un poco de circo”. ¡No! Me niego a poner en boca de un esteta, de un hombre consciente de la agonía de su época, una frase tan chorra; ésta le pega más a Juan Carlos Mandango.

En el Palacio de Invierno, tal día como ayer, la realeza en solidaridad con la clase obrera y con el derecho constitucional a la huelga general se quedó en sus despachos; así lo hace constar un comunicado de la Familia a los medios. No sabemos lo que harían en ellos, porque la Casa es parca en explicaciones; y yo me sujeto la imaginación cómo puedo, sólo diré que estuvieron despachando que al ser gerundio no compromete (de las trece acepciones que tiene el verbo “despachar” en el Mamotreto de la Lengua, me quedo con la última: “disponer libremente de algo sin autorización”).

Es una vulgaridad hablar de dinero; así que paso del debate que tuvimos la noche del “pulpo a lo tojo”, sobre si le descontarán del jornal el día de huelga. Incluso, a estas alturas, me deja indiferente el transfuguismo de la persona irresponsable que se ha paseado por la dictadura, la transición y la monarquía parlamentaria, con un desparpajo digno de su tatara…tarao Fernando VII. ¡A mí lo que me reconcome, es que se haya apropiado de nuestro más sagrado instrumento de lucha, y en el colmo de la ignominia nos salga con la MONARQUÍA SINDICAL!

lunes, 27 de septiembre de 2010

No, no son ni Sacco ni Vanzetti.

A primera hora de esta mañana he puesto incienso por toda la casa, he abierto las ventanas, y desde ellas inundo el barrio con los épicos versos de A las Barricadas –grabación de 1936, ¡por favor, no piensen que es la versión SGAE de Ana Belén y el Quesepaseaporeljardín!-. Habrá himnos, dirán ustedes, de mayor grandeza heroica, puede ser; pero a mí es el que me conmueve, me inflama de pasión, me arrastra a la nostalgia y a la melancolía de la imposibilidad. Ese malestar de la memoria está más cerca de la magdalena íntima e individualista de Proust, que de la solidaridad obrera de Ignacio Fernández Tojo, navegando por el Báltico, o de los gustos culinarios de Cándido Méndez. Sí, aquí estoy, de aquí no me muevo a la espera de la Huelga General y del advenimiento del nuevo sindicalismo.

La vida es un continuo fluir o, por el contrario, el ser es uno, y nada cambia. En esta discusión, llevamos enredados desde el año 450 B.P. (1), y al día de hoy seguimos sin llegar a un acuerdo. En lo que todos estamos de acuerdo -pertenezcamos a una secta u otra, incluida la sindicalista-, de lo que no tenemos ninguna duda, y sí una certeza: es que Tojo y Méndez no son ni Sacco ni Vanzetti, y, por supuesto, no morirán por ninguna causa.

Si por un milagro de San Judas Tadeo, Georges Sorel saliera de la tumba; volvería raudo a ella al verlos como gallinas estabuladas del poder político. Perdieron la fe sindical y se convirtieron en unos cínicos, sólo interesados por el momio: ¡¿qué es eso de la lucha sindical como medio de transformación revolucionaria?!, ¡¿qué es eso de acabar con el sistema capitalista?!, ¡¿qué eso de pactar servicios mínimos en una Huelga General?!, ¡¿dónde está el instrumento de lucha?! No hay nada más irritante que ver a los defensores del movimiento obrero zampar de los Presupuestos Generales del Estado, vivir del sistema, ser el sistema. No me extraña, que para los Tojos y demás burgueses devenidos en sindicalistas viajeros, la reforma fiscal pase por aumentar los impuestos y no por reducir el gasto público improductivo: tendrían que trabajar o al paro, como el resto de los mandangos. ¡Y eso nunca, antes la mentira de la Huelga General que perder el ático, antes robar qué vivir de los poco afiliados que tienen! ¡A dónde iría Cándido sin su sushi!

(1) Para los que sean unos catetos, además de xenófobos y racistas en el datar, les recomiendo que aprendan del museo de la Evolución Humana en Burgos, donde, para no herir sensibilidades, han sustituido los términos “antes de Cristo” por “Before Present” (antes del presente). Y después dicen que los castellanos son unos rancios.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

¡Yo no quería, pero tiene unos ojos!

¡Oigan, yo no quería! Pero cuando a una la tumban, no se puede hacer nada, sólo dejarse llevar. Esta mañana yo no quería, peeero...

Larios –el gato becario- y servidora, como de costumbre, nos hemos levantado cansados, y, como de costumbre, no hemos tenido más remedio que desbaratar nuestros cuerpos en el sofá, donde, como de costumbre, nos hemos ignorado hasta que el portero nos ha traído El Inmundo, que, como de costumbre, amablemente nos lo pasa una vez lo ha leído en la garita. Y ahí, estaba de nuevo Él, en primera página. ¡Qué actividad! ¡Qué empuje! ¡Qué discurso más variopinto se trae: uno para cada escenario! Yo no quería, hay en Mandanga otros temas más sugerentes como la boda de Gustavo de Arístegui con la mora o como es de apañada La Gamba (no necesita estilista, ella misma se pone unos alfileres en el escote, ¡y hala!, al churrún de la pasarela Cibeles) o la indemnización a las mujeres vejadas en la guerra… ¿Qué guerra? ¡Aaah, no me acuerdo! A ver si será la de la Reconquista, no, no, me suena más acá; la de la Independencia, no ésta tiene que ver con los gabachos; ¡uf, ya está!: una de las Carlistas.

Yo no quería, pero qué voy hacer, si Él es un fichurero (nombre que se da en tierras flamencas al que no para de tener ideas, a cuál más peregrina). Pues he lo aquí, hecho un figurín en diferentes situaciones de hombre de estado: cumbreando en la ONU, donde defendió la creación de una tasa para las transacciones financieras; haciéndose la foto con el primo de la mora; departiendo con el Consejo Editorial del diario The Wall Street Journal sobre -¡atentos a la palabra!- los “retos” económicos de Mandanga; y lloriqueando a los tiburones financieros: ¡qué sí, qué os prometo un “ajuste riguroso”, os lo juro, no me quitéis la triple A, por vuestra madre, os lo suplico, mi deuda! Acabada la reunión los periodistas preguntaron a George Soros por sus impresiones, a lo que el somorgujo contestó: “una conversación muy bonita”. A mi esta contestación me recuerda la que damos cuando nos presentan a un retoño más feo que Picio, y, tranquilamente, sin inmutarnos, le decimos a los progenitores: “¡qué ojos más grandes tiene! ¿A quién ha salido?”.

Yo no quería, pero es que tiene unos ojos.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Esperanza y el amor


La estupefacción del amor flota en la fotografía, a pesar de la evidencia demagógica y populista, a pesar de los comentarios de Bruno sobre Esperanza cuando comíamos el segundo plato de fabada: “esta mujer tiene toda la pinta de que le va la lencería porno“.

 “Te temo a ti, demasiado inflexible, a ti únicamente halago:/tú tienes el rayo con el que podrías arruinarme”. Gritaba Ovidio, al fin resignado con ser un pelele en los brazos de su tiránica amada, y consciente de que una vez eres raptado por eros, pasas a la categoría de berza. Conque timidez de esclavo, el hombre esconde la pétrea cabeza bajo el casco patrio y ofrece su mejilla a los labios de ella. ¿Quedarán los suyos suspendidos en el aire? ¿Entregará sus besos al vacio? El obrero y la presidenta, separados por una malla metálica y agarraditos los dos, sin fuerzas, parecen entregados a la impotencia del amor imposible.

Dos pasos más atrás, los consejeros ríen con la ocurrencia de Isolda. ¡Ignorantes! No saben que ocultar una pasión es inconcebible, está hecha para ser vista, que se sepa y que no se sepa, ahí está su esencia.

Ahora que el sentimiento amoroso está tan denostado, que la lírica de la pasión avergüenza, que el lenguaje de los enamorados se ha reducido a mi churri o te la voy a clavar, hay una Esperanza. En una sociedad donde por inversión de valores la sentimentalidad del amor se ha convertido en obscenidad, en indecencia, se ponen el mundo por montera, no temen la transgresión de las normas ni el qué dirán. ¿Tendrá la pareja capacidad de resistencia? Son tantas las dificultades a las que tendrán que enfrentarse; así de primeras se me ocurre la reducción del número de liberados en la Comunidad de Madrid. El amor, como tantas cosas con numerosas obviedades aparentes, sólo consigue saltar a la vista cuando se pierde, y se pierde desde el instante en que se tiene. Pero no, no creo que Esperanza sufra por el desamor, ella ya ha puesto la barrera metálica.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Es tan necio, que...

“Oye patria mi aflicción
y escucha el triste concierto,
que toca llamando” al furor,
el necio de Zapaterón.
¡Ay, si me concediere dios,
ver al pollino sin pensión!

"Te das cuenta Mary, hasta yo puedo ser presidente". Leyenda o no, cuando oí la frase por primera vez, se me abrieron las carnes y pensé: ¡virgen santa!, tenemos en la cúspide de la pirámide a un analfabeto funcional, no tiene ni idea de lo que es la democracia, y para mayor inri desconoce cómo ha llegado ahí. La segunda vez que se me abrieron las carnes, fue al escuchar que él con dos tardes tenía más que suficiente para cambiar la estructura económica de Mandanga y de China, qué digo de China: la mundial. Se me han abierto las carnes en multitud de ocasiones, hasta el día de hoy, que ya ni siento ni padezco. Pero tras su paso por Oslo, tengo claro que no es un mentiroso, como se comenta en amplios círculos del reino: es un necio, que no puede tener la boca cerrada ni quedarse en el palacio con la pata quebrada, le encanta hacer el ridículo por esos foros transgénicos.

Es tan necio, que raya en lo sublime, se alza por encima del límite. Es tan necio, que grita a los cuatro vientos que ha perdido las tardes veraniegas, leyendo al pájaro chogüí de Murakami, en vez de estar trabajando en la cuadratura del desempleo; más parece que se hubiera atragantado con El secreto (sinopsis: con sólo pronunciar un deseo éste se realiza), y haya puesto en práctica sus instrucciones en Noruega. Memorable lo de "una nueva mirada al problema del empleo"; ¡lo que se le nota a él en la mirada, es la empanadilla en la que vive! Y lo de "una persona cuando está formándose está trabajando, (aquí el Montaigne hace una pausa para realzar el pensamiento final) está trabajando para un país"; ¿habrá tenido curiosidad por leer los informes sobre los cursos de formación para los desempleados: quiénes lo hacen, nivel de estudios, cualificación…?, ¿alguien de su gabinete le ha dicho, que Mandanga es uno de los países europeos que menos dinero dedica a la formación de los trabajadores en paro? Y lo del “descubrimiento” de  la innovación cómo fundamental, igual ni se ha enterado de la rebaja presupuestaria del ministerio innovador; es tan necio, que olvida su recurrente retórica, lleva con esa monserga desde el 2004, y aquí seguimos esperándola.

Es tan necio, que tiene la consistencia de una pelusa, chocando con la inflexibilidad del mundo. Su cerebro es un "laboratorio" de palabrerías que no puede tapar, por mucho que lo active, la realidad: el país, por el que trabajan los desempleados en cursillos de chichinabo, concentra el 60% del paro de la UE. Es tan necio, que se ampara en formalismos técnicos, léase recesión, e ignora que buena parte de la economía son sensaciones.

lunes, 13 de septiembre de 2010

De como Adrià viaja a Harvard, y hace enloquecer a un público supertransversal. Homenaje a Cipolla

Ferran Adrià nunca decepciona, es una fuente inagotable de ideas, la última siempre supera a la anterior, la empequeñece. Si el tabaco, el alcohol y las morcillas de Burgos no lo impiden, espero no perderme ¡ni una! de este visionario de la bullición. Al césar lo que es del césar: es el mayor humorista que Occidente ha parido en las últimas décadas. Dicho lo cual, ateniéndome a la división humana de Carlo Maria Cipolla, no quita para que pertenezca por meritos propios a la categoría de los “Malvados”, de igual forma que la Universidad de Harvard a la de los “Incautos”. Por hacer un paralelismo con asuntos candentes, y para una mayor comprensión de las tipologías de Cipolla: Garzón es a Adrià, lo que la Universidad de Nueva York es a la de Harvard; pero sin la chispa hilarante del hospitalense.

Un humorista con aspiraciones de showman debe poseer una caradura excepcional. Sin ella devendría en payaso deprimente; de esos que nada más verlos en la pista hace que el corazón reviente de angustia -como si tu madre acabará de morir o tu amante te abandonara- sólo con imaginar las vidas miserables que deben arrastrar por esas autovías hundidas de Mandanga (véase la del 92 a su paso por Guadix). Tranquilos, a Ferran Adrià no hay quien lo iguale en jeta.

Como en las sacas del reino no queda ni un maldito euro que esquilmar, y viendo el susodicho que peligra el vivir sobrao de la FUNDACIÓN, con el restaurante a un paso del raus total, ha viajado hasta el mismísimo Harvard. Allí, ha retado a las mentes más preclaras del planeta a que recojan el testigo de El Bulli, a fin de que el irrelevante centro intelectual se haga con la vanguardia de la educación saludable. Acabado el “curso icónico” (sic), la gastronomía se le queda pequeña, con chulería torera les pone un par de banderillas a los presentes: “y a ver hasta dónde lo llevan, (¡pringados!)” -lo que está dentro del paréntesis es una apostilla mía, no he podido resistirme-. En la estratosfera de lo absurdo, y siempre él mismo en su mismidad, declara que pretende “explorar la experiencia sensorial a través de las imágenes y la tecnología”, que “quiere dar (aquí se le ve un pelín Dios) a la gastronomía una nueva capacidad de fabulación, de invención, de irreprochable innovación”, que “él da experiencias no comida”, que “ha creado un nuevo alfabeto” (más Dios); y así, con los harvardeños aplaudiendo a rabiar, y saltando de una bobada a otra podría estar ad infinitum. El suso deja el surrealismo de Groucho Marx a la altura de Chikilicuatre, y a mí en bragas mentales, porque no sé si sentir vergüenza ajena o admiración sin límites.

¡Ah, se me olvidada! Comenta el cocinero que “El Bulli maneja una lista de dos millones de potenciales comensales”. ¡Thackeray no tendría suficientes folios, si tuviera que escribir hoy El libro de los snobs!

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Una duda razonable

Desde que volví de holgar, todos los días recorro la misma vereda que me lleva de la casa al trabajo y del trabajo a casa, sorda a las voces dionisiacas que pretenden apartarme de ella. No hay gin tonic, no hay amigos, no hay tres de la madrugada en prosaicos bares sin aspiraciones de alcanzar el espacio, me da igual Bruno y sus tentaciones carnales. No hay nada, salvo la soledad del estudio, el recogimiento entre libros, papeles caídos y notas tomadas febrilmente. Sea este extrañamiento de mí, si logro demostrar que no es casual la sobreabundancia de impúberes y angelillos en la iconografía católica. La investigación ha sido laboriosa y me ha dejado los ojos psicotrópicos, pero ha valido la pena, con menos pistas Dan Brown ha hecho de María Magdalena la fundadora del cristianismo.

Los expertos de Mandanga en comportamientos sexuales transgresivos, no tienen que viajar hasta los archivos del Vaticano, basta con acudir al Monasterio de El Escorial donde encontrán abundantes signos de que la casualidad es sólo aparente, una duda razonable.

Lo primero que hace sospechar, era la ubicación del aposento del prior. Éste se encontraba justo debajo del dormitorio de los novicios, cuyas edades oscilaban entre los siete y los trece años. Cito al erudito P. Santos cuyo lenguaje críptico me da mala espina: "Ay aqui tambien vna Puerta de vna Escalera, que sube desde la Celda del Prior, por donde suele entrar à visitar al Nouiciado, y à tenerles Capitulo, los dias que quiere".

En los bellos cuadros dedicados a ensalzar la inocencia infantil que adornan las paredes de las habitaciones, pasillos y dependencias de esta parte del edificio, conocida por la Torre del Prior, hallaremos no un signo, ¡un reguero! Destaco dos por su voluptuosidad y atrevimiento: Una Madonna de Bernardino Luini y una Circuncisión de Parmigianino (Institute of de Detroit). Sobre el oleo de Luini, el P. Santos no se corta: "Pintura hermosissima, llena, agradable, tiene à San Iuan, y à vnos Angelillos, con las mas significatiuas acciones, que pueden imaginarse".

Podría seguir, pero el formato lo impide y dejaría de mencionar la más sobrecogedora. Al fondo de las Salas Capitulares, estaba la celda baja del prior, hoy se puede admirar el fresco que cubre su bóveda, y que milagrosamente se salvo en el incendio de 1.671. Es el Juicio de Salomón de Francesco da Urbino, aunque hay niño a punto de ser descuartizado en aras de la justicia, el tema no tendría mayor transcendencia que la bíblica, si no fuera por una figura masculina que aparece a la izquierda. Cada vez que la miro huelo a un anónimo Gilles de Rais.

lunes, 6 de septiembre de 2010

El Espíritu Santo y el cardenal Antonio Cañizares: "quién pueda comprenderlo, que lo comprenda". Lc 20.

En mi anterior entrega de los Cuadernos de Mandanga, no vean un deje de superioridad cuando escribía sobre “esta sociedad de nata líquida”. No se hagan un lío, no tengo prejuicios en reconocer que una vez fui acuosa, es más en los últimos tiempos voy saltando de estado, actualmente soy efervescente, una burbuja de Peter Sloterdijk, y me encuentro a un paso de adquirir la identidad volátil, convirtiéndome en gaseosa. Ser efervescente me permite pasar de la revista Hola al L’Osservatore Romano sin que se me caiga una gota del Martini (ventaja de la que carecen esas antiguallas de identidades sólidas).

El segundo día en sede laboral lo dediqué a la lectura del periódico del Vaticano. Siempre he creído que la necesidad última de los cristianos es Dios y la salvación de sus almas, y que todo lo demás, incluida su prensa, sobra; pero es que a veces me asalta una ingenuidad rayana en la estupidez que no tiene desperdicio, debe de ser la cuestión espumosa.

A propósito del centenario de la promulgación del decreto Quam singulari del Papa Pío X, Antonio Cañizares ofrece a la parroquia un edificante artículo, y a la vez esclarecedor para los que seguimos el tema de los abusos sexuales a menores en el mundo eclesiástico, titulado: Jesús y los niños. La pieza es un canto gozoso a la infancia, donde se encuentra algunas frases atribuidas a Jesucristo y otras nacidas de la generosidad cardenalicia: “dejar que los niños se acerquen a mí”, “ellos son siempre amigos muy especiales”, “la mirada amorosa con la que la Iglesia atiende a los niños”, y más de lo mismo. A parte de estas palabras escritas con tinta negra, el Prefecto sostiene dos aseveraciones. La primera es tajante, el “uso de razón” se adquiere al cumplir siete años, digo yo que habrá sido el Espíritu Santo la fuente de tan sorprendente información, sea como fuere, conocido este dato la cosa pederasta toma otro aspecto, y me quedo más tranquila al acotarse el segmento poblacional. Si la primera asombra, la segunda choca, teniendo en cuenta la sucesión de escándalos en lo que va de año, dice el texto: “los niños viven inmersos en mil dificultades, envueltos en un ambiente difícil que no les favorece, muchos de ellos, víctimas de la crisis de la familia”. ¡Ni los del caballo Espartero! Utiliza la misma táctica sutil que el Gobierno en la Crisisquécrisis: no se da por enterado. El amnésico olvida que “muchos de ellos” son víctimas de los depredadores que la Santa Iglesia Católica esconde en su vientre.

Como la realidad mancha, un buen cristiano tiene la obligación de huir de ella para alcanzar la suprema felicidad junto a querubines, ángeles, arcángeles y el tropel de asexuados, eternamente extasiados ante la gloriosa faz del Gran Indiferente.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Toda dignidad lleva adherida un parche. No es para menos

¡Mira qué cuesta volver! Acabadas las vacaciones ni otoño melancólico ni moda de la nueva temporada: ¡el advenimiento del invierno siberiano! La tundra laboral se extenderá implacable alrededor de la existencia hasta dentro de un año, que volverán las braseadas sardinas a los chiringuitos y los ardientes revolcones en las solitarias calas. Este Primer Día es para mi como el de la marmota, comencé a padecerlo en la niñez, cuando se iniciaba el colegio, y presiento que me perseguirá hasta la jubilación. No sé, no recuerdo bien si fue San Pablo o San Carlos Marx o San David Ricardo quién inventó la frase: “el trabajo dignifica al hombre”; desde luego cualquiera de los tres –cada uno en su estilo histórico- podría ser el padre de semejante perversidad, semejante engañabobos.

En el retorno a mi estado habitual de autónoma externalizada, pero con derecho a mesa propia, no he pegado ni chapa, no por falta de iniciativa, sino porque tenía alicatado el cerebro. Así que he pasado este Primer Día autista y dedicada por completo al estudio de las revistas del corazón publicadas en agosto. ¡Y ahí estaba él! El Enamorado, el hombre que lleva en la testa la dignidad del trabajo, y en el cuello a modo de chupetazo el parche que combate la fatiga y el estresante trasiego que la realeza obliga: un día en Colombia, al siguiente de loro timonel por aguas mallorquinas, esa misma noche en primicia principesca escuchará los últimos temas de Jaime Anglada (cantante que desconozco, pero que debe estar un escalafón por encima de Julio Iglesias, ya que según sus propias palabras “se ha reinventado como persona tanto como artista”), y entre medias asistirá a la romántica boda griega de su primo. En fin, el hombre del que debo tomar ejemplo comprándome un parche, mañana mismo en cuanto me levante, a ver si me sobreviene la dignidad esa del laboro.

¿Qué sería de El Enamorado sin su enamorada? Nada, un hombre a secas, un sin atributos a lo Musil, transparente, invisible en esta sociedad de nata líquida. ¿Merece la pena ser principe con aspiraciones y no compartir el peso de tanto trabajo dignificante? Esta claro que no, demasiada carga y poca mercadotecnia posfeudal. Menos mal que conforme avanza el mes y los múltiples reportajes se suceden el parche vuela, y ella, La Gamba, lo sustituye resplandeciente, siempre pegada a la mano de El Enamorado. Lo cual me hace caer en que no necesito parche, es más interesante transmutarme en uno; eso si poroso, muy poroso.

miércoles, 21 de julio de 2010

El abuelo del GAL descansa en Balanegra

Hay en los abuelos un aire seráfico, de paz, de la quietud que nace de la experiencia y de los sinsabores de la vida, que hace que tenga una especial inclinación por ellos, seres rebosantes de sabiduría, bondad y tolerancia. Cuando los veo con un nieto sentado en las rodillas, y la mirada arrobada en los rizos que caen sobre la frente de la sangre de su sangre, me entra un ataque de sentimentalismo que no puedo controlar: creo en la humanidad y maldigo mi pesimismo. Hasta ayer, que esa idealización se dio de bruces con la realidad, mejor dicho, se dio de bruces con José Barrionuevo, sentado displicente en una hamaca haciendo como que lee, con los labios contraídos y los músculos de la cara tan tensos que parecen que se vayan a romper. Pegado a la valla del jardín de su casa en Balanegra, el nieto lo contempla en la lejanía.

Barrionuevo confiesa en Vanity Fair: “He pasado página, no tengo ningún cargo de conciencia. La sentencia que me condenó fue injusta”. El arrepentimiento es una palabra que desconoce, no siente culpa ni vergüenza ni remordimiento, y si vanagloria de sus actos. De otra manera no se entiende que escoja como lugar de veraneo en Almería Balanegra y no Playa Amarga, demostración de que por sus cojones no se retracta de los 23 muertos del GAL.

La entrevista destila una fe inquebrantable en la sagrada misión de salvar a las futuras generaciones del monstruo de ETA, y que cualquier medio para conseguirlo es lícito. Comenta de su carismático jefe Felipe González: “a todos nos fascinaba”. ¿Fue esa fascinación lo que llevó a la creación del GAL, al igual que el pueblo alemán siguió el "fascinante" pogromo? En la fotografía de Barrionuevo se entrevé sin mucho esfuerzo imaginativo una naturaleza restringida, pervertida y fanática que justifica cualquier barbaridad. No tengo duda de que esa certeza dogmática, de la que hace gala, es la que anida en lo profundo de los más implacables tiranos, ese afán de preservar sus principios absolutos a expensa de la vida humana ofende a los hombres. Y mientras él descansa bajo la sombra de la pita, sin darse cuenta de la validez relativa de las convicciones de uno y arrinconando en el retrete de la conciencia el dicho: “cada hombre es el mejor juez de sus actos”; Cabellos Blancos, mister X, se dedica al diseño de joyas, a malmeter en su partido y a dárselas de sabio abuelo de la democracia mandanga.

Después de leer sus declaraciones y de recordar aquellos años, me queda una sensación de claustrofobia, de sofoco intelectual y moral, que no tengo más remedio que irme cuanto antes de vacaciones a la cala de San Pedro.

lunes, 19 de julio de 2010

De putas y diputados

Ya ha pasado el tiempo de La Roja y ahora viene el de las putas. De los vínculos emocionales más básicos de nuestra especie al sexo, el gobierno de Mandanga se mueve divinamente en el complejo arte musical del divertimento y en el de las maniobras orquestales. Reconozco lo que es de ley: son unos maestros a la hora de tejer cortinas de humo. Si no es que un titular desbanque a otro, ya me dirán a santo de qué al final del Debate de la Nación Casper de la Moncloa rice el rizo de las prioridades y suelte, como él que no quiere la cosa: “mientras siga existiendo anuncios de contactos, se estará contribuyendo a la normalización de la explotación sexual”. O es un idiota sin remedio o es más listo que el hambre o en el equipo del gobierno hay un elemento que podría hacerle sombra al mismísimo Dr. No, en cuanto a esbozar ideas diabólicas. Por hacer un símil más acorde con el tema en cuestión: ante la duda la más tetuda.

Pero en esto de perseguir, abolir y prohibir la prostitución, los dos partidos prescindibles son iguales de hipócritas, ya lo disfracen de lucha contra el pecado de la carne o de dignidad de la mujer. Se olvidan que el fundamento de las normas morales está en la propia conciencia del ser, y éste alcanza la madurez cuando percibe que las normas no se las imponen desde el exterior, sino que están asentadas en su corazón (en esto de ser páter sólo admito al Sr. Pascal Vankaren, y a veces me cuesta). Para apreciar este olvido, no hay nada más que ver las meretrices disfrazadas de diputadas que asientan sus culos en el hemiciclo. O es qué a estas alturas vamos a ser como los del siglo XVIII, que admiraban a las cortesanas y despreciaban a las que malvivían en los quicios de las mancebías. ¿Díganme, es más zorrón el que vende su cuerpo por dinero que el que lo vende por medrar, con el consiguiente aumento de sus bienes y posición?

Mandanga es un pueblo y nos sabemos la vida de todos; cuando veo, escucho o leo una declaración de alguno de nuestros ensalzados dignatarios, poseedores de un gran cuajo moral, no puedo evitar cantar la estrofa de Vetusta Morla: “hoy la puta se viste de rey, nadie le cree, nadie se lo cree”.